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	<title>Rufina &#8211; El Periódico de Panamá</title>
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	<description>Revista de Análisis Político, Económico, Social y Cultural.</description>
	<lastBuildDate>Fri, 12 Nov 2021 13:08:16 +0000</lastBuildDate>
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		<title>RUFINA Y MAMITA SANTOS (III-III).&#124;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[El Periódico]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Nov 2021 13:06:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Mamita]]></category>
		<category><![CDATA[Rufina]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Gonzalo Delgado Quintero Rufina dirigió una breve arenga de elogio a los valientes voluntarios. Sus no tan elaboradas palabras, sin embargo, contenían una profunda reflexión que parecía un augurio de ilimitado tiempo que trascendiera más allá de sus circunstancias vitales. Lo primero que advirtió fue sobre la necesidad de mantener esa memoria histórica viva [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-5195" src="https://elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo.png" alt="" width="78" height="89" srcset="https://wp.elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo.png 246w, https://wp.elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo-158x180.png 158w" sizes="(max-width: 78px) 100vw, 78px" /><br />
<span style="color: #808080;"><em>Por: Gonzalo Delgado Quintero</em></span></p>
<p style="font-weight: 400;"> <strong>R</strong>ufina dirigió una breve arenga de elogio a los valientes voluntarios. Sus no tan elaboradas palabras, sin embargo, contenían una profunda reflexión que parecía un augurio de ilimitado tiempo que trascendiera más allá de sus circunstancias vitales. Lo primero que advirtió fue sobre la necesidad de mantener esa memoria histórica viva sobre aquel momento crucial. Exhortó a que nadie olvidará esa gesta y que la única forma de <em>atizar </em>esa llama para que permaneciera viva, era ayudando a los más jóvenes a mantener siempre ese recuerdo y de ser posible escribir esa historia para el conocimiento de las siguientes generaciones y sobre todo, que nadie los olvidará. Después de sus palabras,  Rufina desapareció del escenario político, dedicándose a su actividad de siempre.</p>
<p style="font-weight: 400;">Su misión había culminado, pero su presencia se agiganta por encima de cualquier falta de anotación que pudiera haber registrado algún escribano.  Rufina con el tiempo se convirtió en una referencia atestiguada de manera oral y aunque nunca fue adscrita en los documentos y proclamas de independencia; muy a pesar, su nombre quedó impreso en la memoria del colectivo que se inició al momento en que clamó, fusil en mano, el Primer Grito de Independencia de la Villa de Los Santos. Su voz trascendió más allá de su pueblo natal. Su grito se difundió por todo el territorio panameño y por el resto de América, llegando hasta los oídos de propio Bolívar el Libertador.</p>
<p style="font-weight: 400;">Desde el primer momento, esa proclama fue respaldada en diversos pueblos de la región. Las Tablas, Macaracas, Las Minas, Parita, Santa María, Ocú, Penonomé, Pocrí, Pesé, Natá de los Caballeros, San Francisco de Veraguas y Alanje en Chiriquí, fueron los primeros en replicar ese Grito. Finalmente en la capital de la ciudad de Panamá, 18 días después.</p>
<p style="font-weight: 400;">Mamita Santos asimiló todo lo que Rufina le dijo y con el transcurrir de los años, habiendo tenido sus hijos, les enseñó sobre los deberes patrióticos que debe tener toda persona. Les decía a sus hijos que <em>un patriota estaba obligado a defender la patria, sin condición, cuando esta lo requiera, sin precio ni dudas</em>.</p>
<p style="font-weight: 400;">Mamita Santos vivió dos guerras posteriores, y para ella fue motivo de orgullo cuando su hijo Calixto Quintero con solo 15 años, le dijo que participaría como mensajero de Belisario Porras en la Guerra de los Mil Días. Tampoco opuso sentimiento contrario cuando Calixto después se alistó ante el llamado por la defensa de la patria en la región limítrofe con Costa Rica en la Guerra de Coto, aunque no fue necesaria su presencia, por el rápido desenlace de la misma. A Mamita Santos siempre le quedó el recuerdo perdurable de su amiga Rufina Alfaro, su legado que a su vez supo ofrecerlo y relevarlo a las siguientes generaciones.</p>
<p style="font-weight: 400;">Años después, un llanto tenue que iba creciendo, interrumpió el silencio nocturno en aquella solitaria casa de quincha en las llanuras de Valle Rico. Una matrona anunciaba el nacimiento de una hermosa niña. Era el cuarto parto de Mamita Santos.</p>
<p style="font-weight: 400;">Habían pasado unos 15 días desde el alumbramiento de Mamita Santos y con su familia y algunos vecinos se preparaban para asistir a la misa. La eucaristía era en el pueblo de Las Tablas; ello obligaba a madrugar, había que levantarse temprano para llegar a tiempo.</p>
<p style="font-weight: 400;">A las 10 de la mañana salió de la puerta contigua al púlpito de la iglesia de Santa Librada, una señora que llevaba la cabeza cubierta con un fino pañuelo de algodón tejido a mano que le caía hasta la cintura, haciendo juego con una basquiña capeada y sobresaliente arriba,  estilizada y ajustada en la cintura hasta ampliarse ligeramente en las caderas, donde empató reposada,  sobre una amplia falda de talco en sombra con un suave rosado de hilo bordado que hacía juego confundiéndose en degradado, con el blanco algodonado del pollerón que se extendía pulgadas debajo de la pantorrilla, trasluciendo al caminar, de vez en cuando, el tobillo.</p>
<p style="font-weight: 400;">La respetada señora de nombre Raquel Madariaga, anunció el inicio de la misa. Pidió a la feligresía ponerse de pie para dar paso al auspicio ritual con la presencia del querido cura, un anciano de nombre José María Correoso.</p>
<p style="font-weight: 400;">El viejo sacerdote estaba emocionado, ya le habían confirmado de la llegada a la iglesia de una especialísima niña recién nacida, hija de Mamita Santos, quien recibiría el sacramento del bautismo a través de su mano. Mamita Santos y el padre José amalgamaron una profunda y acrisolada amistad debido a la relación que ambos habían tenido con Rufina Alfaro.</p>
<p style="font-weight: 400;">Cumplido los ocho puntos más importantes de la celebración de la misa y comprometidos los padres y los padrinos al seguimiento y cumplimiento cristiano en la formación de la niña, había llegado el momento de anunciar  la entrega sacramental, otorgando nombre oficial a la recién nacida.</p>
<p style="font-weight: 400;">El viejo cura Correoso lucía una sobrepelliz sobre la sotana, tal y como mandaba la ocasión. También, como es propio en las ceremonias bautismales, se saltaron  el acto penitencial, iniciando con el himno de Gloria. Terminado el salmo responsorial y la segunda lectura y sabiendo el viejo sacerdote de la vida y la promesa de Mamita Santos, hizo un punto de inflexión no acostumbrado, para destacar a través de unas cortas palabras que hacían alusión sobre la heroína y  amiga,  María Rudencinda.  El anciano sacerdote veía en María de Los Santos Hernández el mismo talante de Rufina. La de aquel Primer Grito, décadas atrás. Pero sobre todo, en ese momento era para guardar la memoria histórica de la heroína, quien había fallecido meses antes.</p>
<p style="font-weight: 400;">Luego de su breve alocución, invitó a los padrinos y a los padres, quienes con la niña en brazos  se acercaron a la fuente bautismal, procediendo el sacerdote José a derramar agua tres veces sobre la cabeza de la niña y con las palabras «yo <strong>te Bautizo</strong> en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…»anunciaba en medio del llanto de la niña…“y te entregamos a la nueva cristiana que por apellidos lleva Quintero y Hernández y por nombre Rufina”.</p>
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		<title>RUFINA Y MAMITA SANTOS (II-III).&#124;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[El Periódico]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Nov 2021 14:18:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Mamita]]></category>
		<category><![CDATA[Rufina]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Gonzalo Delgado Quintero Rufina también sabía de Águeda Gallardo y las proezas de la propia Manuelita Sáenz, en el ejército rebelde al lado de Bolívar. Estaba al tanto de la participación de las mujeres y como entusiasta también por la independencia; ella al igual que Policarpa la heroína santafereña, tenían la misión delicada y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;"><img decoding="async" class="alignnone  wp-image-5195" src="https://elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo.png" alt="" width="71" height="81" srcset="https://wp.elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo.png 246w, https://wp.elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo-158x180.png 158w" sizes="(max-width: 71px) 100vw, 71px" /><br />
<span style="color: #808080;"><em>Por: Gonzalo Delgado Quintero</em></span></p>
<p style="font-weight: 400;"> <strong>R</strong>ufina también sabía de Águeda Gallardo y las proezas de la propia Manuelita Sáenz, en el ejército rebelde al lado de Bolívar. Estaba al tanto de la participación de las mujeres y como entusiasta también por la independencia; ella al igual que Policarpa la heroína santafereña, tenían la misión delicada y peligrosa de hacer la inteligencia de los rebeldes dentro de los cuarteles del ejército español. Ambas mantenían a los revolucionarios al tanto de los estados exactos de la fuerza que tenían los españoles. En el caso de Rufina, nuestra heroína santeña, esta misión la llevó a cabo en La Villa de Los Santos, con la diferencia de que nunca fue descubierta, como sí sucedió con Policarpa.</p>
<p style="font-weight: 400;">También le contaba Rufina a Mamita Santos que la noche del 9 al 10 de noviembre de 1821, todos estaban muy nerviosos, inquietos, por momentos se sentaba y por otros caminaban. Se encontraban absorbidos por pensamientos importantes. Era necesario definir la lucha, cobrar agravios. Eran momentos cruciales en la que solo había un camino y ese era asaltar el poder, no había otra opción, porque de no hacerlo, el otro camino era posiblemente morir fusilados.</p>
<p style="font-weight: 400;">A las tres de la mañana estaba reunida con los máximos líderes del movimiento, Rufina prácticamente dirigía la reunión. Ella durante los días anteriores había sabido de todos los movimientos del ejército español, desguarnecidos por consecuencia del traslado de más de la mitad de los soldados hacia Sur América, lo que abría esa gran posibilidad de aprovechar la frágil defensa que tendrían ante un eventual ataque. Además, el pequeño contingente de soldados que quedaba, no recibiría apoyo de ninguna parte, porque simplemente en la ciudad de Panamá, tampoco había reservas para dar esa asistencia militar.</p>
<p style="font-weight: 400;">Los vientos revolucionarios de libertad esparcen el sentimiento de oportunidad que se había ido creando y crecía aun más con la publicación en marzo de 1821 del primer periódico en Panamá, conocido como La Miscelánea que impulsaba la idea de independencia. Este medio informó sobre la ida a Ecuador de Juan Sebastián Mourgeon, quien dejó al panameño José de Fábrega, un simpatizante de las ideas de independencia, a cargo del gobierno del istmo de  Panamá. Un error estratégico de Mourgeon.</p>
<p style="font-weight: 400;">Esta y otras circunstancias fueron aprovechadas por varios líderes populares para dar a conocer diferentes publicaciones que alimentaban el sentimiento a sublevarse de inmediato. Francisco Gómez Miró, un líder del movimiento en la capital, dio a conocer un manifiesto hasta entonces resguardado, cuyo contenido promovía la Independencia de Panamá de la Corona Española. Esto provocó la exaltación del sentimiento independentista de los santeños, lo que pronto llevó a la convocatoria del movimiento que terminó en el Grito de Independencia en la Villa de Los Santos;  la primera gesta independentista de Panamá.</p>
<p style="font-weight: 400;">Mamita Santos le preguntaba a Rufiana sobre el sentido de esa guerra, y qué se había logrado más allá de las circunstancias de esos años y que aún hoy se observaban en el estado de abandono evidente a pesar del triunfo revolucionario.</p>
<p style="font-weight: 400;">La vieja revolucionaria respondía que en la guerra falleció mucha gente  valiosa, pero que hacer frente fue necesario. Explicaba la heroína a su joven discípula que el propio Bolívar le dio la mayor importancia de esa guerra a la libertad. No fue solo un conflicto más; por el contrario, se libraba una guerra cuyo final habría de ser determinante y ambos bandos lo sabían. Un final que marcaba un nuevo principio. Era el punto de inflexión entre la caída de una fuerza imperial, por un lado y la libertad de todo un continente, por el otro.</p>
<p style="font-weight: 400;">No se trataba de perder o ganar una guerra más y ya. No fue solo una guerra internacional entre dos países o entre la madre patria y sus respectivas colonias. El final de este conflicto representaba la propia caída del gran Imperio Español. Los revolucionarios entendían que esa era una guerra de liberación que solo terminaría  cuando se ganara, aun muriendo en el intento. Además, era también una guerra civil, entre razas, impuesta por los españoles contra sus hermanos nacidos en América, contra los criollos y al final, contra la gran masa de razas dispersas en diversas regiones a lo largo y ancho de la gran masa continental, que todavía necesita ser liberada.</p>
<p style="font-weight: 400;">La Independencia tenía en ese momento su mayor interés solamente en un pequeño sector de la clase alta criolla aristocrática. Pero la indiada resentía todavía más todas las restricciones que imponía la corona que desencadenaba en el origen de la grave situación. Los nativos amerindios recibían trato de animales por los criollos y por los españoles. Esto contuvo en gran medida la participación de este sector étnico, nativo descendiente, en la lucha. En Venezuela por ejemplo, donde la guerra se había prolongado, el indio no le tenía ningún aprecio al mantuano y eso lo sabían los españoles.</p>
<p style="font-weight: 400;">Pero la conciencia independentista fue creciendo. La expansión de las ideas de la Revolución Francesa se extendía hasta los territorios americanos. Se hablaba de los derechos del hombre. La igualdad y la fraternidad no era una quimera. La independencia de Estados Unidos ya era una realidad y un gobierno libre e independiente era posible en la América hispánica. Habían surgido el liderazgo necesario con las figuras de Miranda, Bolívar, San Martín, Sucre, Santander y muchos más. El triunfo mexicano en la guerra de independencia en la Nueva España que se mantuvo durante 11 años, fue inspirador y resultaba un ejemplo a seguir; por tanto, en el caso panameño, las condiciones estaban dadas para el gran salto.</p>
<p style="font-weight: 400;">Había llegado el momento cumbre. El 10 de noviembre de 1821 en la Villa de Los Santos, el pueblo se reunía, Rufina Alfaro y Segundo de Villarreal guiaban a centenares de voluntarios que ya estaban preparados y armados para tomarse el puesto militar de cualquier manera que les fuera posible.</p>
<p style="font-weight: 400;">Es en este momento que Rufina Alfaro; la hermosa joven revolucionaria,  moza campesina nacida en La Peña, una criolla de tez blanca, que para la época tendría unos 20 años, cumplía su última misión de espionaje a favor de los rebeldes.  Le comunicó a Villarreal y a todos los presentes reunidos alrededor de un frondoso árbol de mango de calidad, su plan de tomarse el cuartel por sorpresa, evitando en lo posible un derramamiento de sangre mayor. Rufina había  descubierto la situación en la que se encontraba la guardia. El cuartel estaba tranquilo y desprevenido de todo lo que afuera de sus muros estaba sucediendo. Escuchó el parte que daba un sargento a su superior sobre las malas condiciones del armamento, las pocas municiones y la pólvora mojada, lo que los hacía totalmente vulnerables, quedando en la total indefensión.</p>
<p style="font-weight: 400;">Rufina a la vez, replicó ese <em>parte y novedades</em> a Segundo de Villarreal y al resto de los que permanecían en el punto acordado debajo del mango, testigo silencioso de una de las gestas más trascendentales del movimiento libertario que se regaba con más fuerza por los diversos pueblos de América. La joven revolucionaria explicó a todos, lo que había visto y escuchado. Después de que Rufina informó y explicó la situación, ella hizo recomendaciones sobre qué hacer. Invitó a un grupo de los milicianos para que la acompañaran a la vanguardia, en dirección a los puntos que ella consideraba estratégicos para poder incursionar sin mayores obstáculos.</p>
<p style="font-weight: 400;">Rápidamente, Segundo De Villarreal ordenó a los revolucionarios marchar con mucho cuidado hacia la ciudad, que rodearan el cuartel y se  tomaran las instalaciones, apoyando a Rufina y tratando de minimizar al máximo cualquier tipo de resistencia. En efecto, encabezados por la joven rebelde se tomaron el cuartel, apresando a toda la tropa española, quienes no pudieron ofrecer resistencia.</p>
<p style="font-weight: 400;">Rufina levantando y mostrando un fusil en su diestra, daba la señal al resto de los poblanos que apresurados se congregaban en los alrededores de la plaza. Ella y los patriotas voluntarios se habían tomado el cuartel y con su voz fuerte y templada anunciaba la libertad de la heroica Villa de Los Santos. Un grito que retumbó en el campanario de la iglesia que dirigía un joven cura de nombre José María Correoso, quien por más de una hora mantuvo ese repicar libertario a través de las campanas que no cesaron de tocar en acompasada armonía sonora que se mezclaba con los gritos jubilosos de independencia. La Villa, que había sido el tercer poblado fundado siglos antes por los españoles, precisamente un 1 de noviembre de 1569, el día de todos los santos y de allí su nombre La Villa de Los Santos, ubicada en la costa pacífica azuerense, se convertía en el primero de todos los pueblos del istmo en proclamar la independencia de España.</p>
<p style="font-weight: 400;">Luego de la proclamación de la Villa de Los Santos como ciudad independiente del dominio español, el Cabildo Abierto que presidió Julián Chávez, permitió la apertura a todos sus miembros y a los concejales a deliberar acerca de la escogencia de Don Segundo de Villarreal,  como el jefe de las nuevas fuerzas libertadoras de la Villa de Los Santos, confirmado por unanimidad en una  moción expuesta que asignaba al ilustre e infranqueable ciudadano santeño en el cargo.  En ese momento y designado Villarreal, el resto de los ciudadanos en coro unísono, pidieron la presencia de Rufina en el improvisado estrado en medio de la plaza pública.</p>
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		<title>RUFINA Y MAMITA SANTOS (Parte 1-3).&#124;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[El Periódico]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Nov 2021 11:57:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Mamita]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Gonzalo Delgado Quintero María de Los Santos Hernández “Mamita Santos”, era apenas una muchacha de 13 años, cuando conoció a María Rudecinda Alfaro, quien ya estaba entrada en edad, próximos a los 70 años. Mamita Santos fue siempre, desde muy pequeña, de mucha determinación, lo que le facilitó y ayudó en momentos cruciales de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;"><img decoding="async" class="alignnone  wp-image-5195" src="https://elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo.png" alt="" width="76" height="87" srcset="https://wp.elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo.png 246w, https://wp.elperiodicodepanama.org/wp-content/uploads/2021/10/gonzalo-158x180.png 158w" sizes="(max-width: 76px) 100vw, 76px" /><br />
<span style="color: #808080;"><em>Por: Gonzalo Delgado Quintero</em></span></p>
<p style="font-weight: 400;"> <strong>María</strong> de Los Santos Hernández <mark style="background: #ff0 !Important;">“Mamita Santos”</mark>, era apenas una muchacha de 13 años, cuando conoció a María Rudecinda Alfaro, quien ya estaba entrada en edad, próximos a los 70 años. Mamita Santos fue siempre, desde muy pequeña, de mucha determinación, lo que le facilitó y ayudó en momentos cruciales de su vida, a tomar decisiones tempranas por sí sola. Apenas con esa edad, incluso años antes, trabajaba en el campo atendiendo todos los quehaceres de la cría de ganado, caballos, puercos, gallinas y otras actividades de tipos agrícolas como la siembra y cosecha de arroz, maíz, frijoles, verduras, tubérculos, árboles frutales, cafetales y demás.</p>
<p style="font-weight: 400;">Mamita Santos, nació conociendo de viva voz de sus protagonistas, la historia entonces  relativamente reciente, de la gloriosa gesta de ese Primer Grito emancipador de 1821. Habiendo nacido en 1858, mantuvo contacto con muchas de las grandes personalidades que participaron en este valiente y heroico hecho, cuyo sentimiento general, que daba fe de cada detalle, de lo que había hecho cada persona, de las decisiones tomadas, de quiénes las tomaron y las rubricaron, solo se sostenía en el pensamiento colectivo del pueblo a través del tiempo; un espacio temporal de una generación que impuso un legado, un capítulo fundamental de inflexión en nuestra historia; pero al fin y al cabo hombres y mujeres de carne y huesos, con sus límites vitales que siempre resultaría muy corto en cuanto a sus precisiones, teniendo en cuenta que se dependía solamente del frágil recuerdo de esa memoria colectiva de la generación protagonista que tarde o temprano sino se apuntaba, se perdería con cada fallecido.</p>
<p style="font-weight: 400;">Eso lo sabían las personas pioneros de ese grito libertario, quienes, restringidas por las muchas limitaciones de no poder plasmar por escrito esa historia, se daban por contarlas a través de una narrativa de boca a oído, de persona a persona, del más viejo al más nuevo, cada atardecer y en las primeras horas de la noche, antes de acostarse. En aquellos tiempos, parte de los actores de esa historia, con el transcurrir de muchos años, se fueron convirtiendo en leyendas y hoy esas leyendas, retornan como lo que son: protagonistas de la historia. Ese es el caso de María Rudecinda Alfaro mejor conocida como Rufina Alfaro.</p>
<p style="font-weight: 400;">Y todos sabemos que  la narrativa de una historia de manera verbal, agrega fantasías a cualquier suceso, pero a la vez, le quita elementos reales valiosos. Al final lo que tenemos, más que cualquier otro elemento, es una leyenda. Sin embargo, para entonces, ésta era la forma más expedita de enseñar la historia y todos coincidían en la necesidad de trasladar esa historia en forma hablada a las siguientes generaciones. Al ser éste un hecho en el que casi todos habían actuado de una manera u otra; provocaba que, cada quien que narraba, al haber sido parte o al menos testigo de esos acontecimientos, le añadiera aún más, esencia protagónica muy personalizada a su descripción.</p>
<p style="font-weight: 400;">Al fin y al cabo, un hecho digno de recordar para siempre, pero que en los años posteriores, por no tener mayores registros escritos, el espacio de tiempo, ya alargado, iba enterrando los recuerdos con cada difunto. Con los muertos que desaparecen a la vista de todos, se sepultaba también, ese legado histórico, que como una biblioteca solo reposaba en los anaqueles de la memoria del finado.  Y en gran medida esas memorias igualmente quedaron bajo tierra, poco a poco, por los nuevos acontecimientos y la propia dinámica social.</p>
<p style="font-weight: 400;">El 10 de noviembre  de 1821, para los santeños y también para todos los panameños, sino la principal, es una de las fechas de mayor trascendencia y en gran medida, lo poco escrito en el momento de los acontecimientos decisivos, no ha sido ápice desde entonces, para que no se haya dado fe del heroísmo, arrojo, decisión y gran valentía de quienes actuaron a favor de esa revolución libertaria.</p>
<p style="font-weight: 400;">Y el hecho de que permanezcan esos recuerdos vívidos, infiere que también hubo un esfuerzo en mantener latente ese recuerdo, y en gran medida el sentimiento que se mantiene después de 200 años, es el resultado testimonial de esa narrativa que fueron eslabonando la cadena generacional, con una continuidad sostenida en el tiempo que convertía a la persona más vieja en el maestro del más joven, <em>desarrollándose mutuamente el uno con el otro en ese estar en recíproca presencia,</em> al decir de Martin Buber.</p>
<p style="font-weight: 400;">Esa fue la conducta social entonces, al menos, en el interior del país. Se profesaba el respeto, se valoraba el conocimiento y se tributaba reconocimiento a quienes lo merecían. Un ejemplo que fue anillado y concatenando el sentimiento profundo entre Rufina ya entrada en la adultez mayor y la joven María De Los Santos, quien años después de haber tenido sus hijos y nietos fue siempre conocida como “Mamita Santos”. Ellas dos a pesar de la diferencia de edades, hicieron una gran amistad y propiciaron que el gran legado continuará en esas continuas travesías que ambas hacían en sus actividades de compra y venta y que sin apuros y con sentido de docencia, se daba entre ambas en esas largas conversaciones.</p>
<p style="font-weight: 400;">El encuentro de Rufina y Mamita Santos ocurrió en uno de esos tantos viajes de negocios que nuestra heroína hacía a través de los diversos pueblos y caseríos  de la región azuerense. La vieja y la joven se toparon por primera vez, muchos años después de transcurrido ese gran suceso conocido como el Grito de Independencia de La Villa de Los Santos. Desde el primer momento Rufina se vio así misma reflejada en aquella jovencita, que también se dedicaba a la venta de productos agropecuarios. Mamita Santos parecía adusta al principio, pero en la medida que se daba el trato entre ambas, Rufina se daba cuenta que más bien era una actitud defensiva y de  natural templanza que caracterizaba a la mayoría de las personas de esa región.</p>
<p style="font-weight: 400;">El temple y aplomo de Mamita Santos, lo hacía acompañar de un hablar pausado pero fuerte y Rufina, ya en sus años postreros, sentía la necesidad de dejar encarnada toda su sabiduría, toda su historia que hasta cierto punto había sido truncada por las circunstancias y las actitudes machistas de no dar créditos a su aporte en la lucha libertaria. Por tanto, entrada en la vejez, veía en su nueva discípula, la posibilidad de lograr la posta segura de su legado histórico a una nueva persona de características muy especiales y finalmente hacer ese relevo que le imponía el gran peso de sus acumulados años. Esa circunstancia de almanaques que conspiraba en su contra y la gran impresión que le causaba Mamita Santos, hizo que Rufina le contara todo lo referente a los sucesos de ese gran Primer Grito, que inició la etapa final, concluyendo 18 días después con nuestra definitiva independencia de España el 28 de noviembre de 1821.</p>
<p style="font-weight: 400;">De por sí, Rufina siempre fue muy protectora de los niños y jóvenes, lo que la llevó a criar y ser madrina de una gran cantidad de muchachos y con Mamita Santos fue particularmente muy esforzada en contarle cada detalle de su vida, desde que era tan solo una niña. Una relación de muy buena atención y apego que se convirtió en una especie de familiaridad que sólo se da en el ejemplo observado entre una abuela tolerante y su nieta inquieta.</p>
<p style="font-weight: 400;">Le contó por ejemplo que siendo ella, hija de un español con una criolla fuera del matrimonio, en aquellos tiempos venía más bien a ser un castigo, porque desde el nacimiento, el niño o la niña en este caso, quedaba desprotegida y excluida de cualquier reconocimiento o herencia a tal punto que la propia iglesia se prestaba muchas veces a tales decisiones, negando incluso la consagración bautismal. Y por ello, simplemente, la persona no aparecía registrada.</p>
<p style="font-weight: 400;">En esas largas tertulias, Mamita Santos, muy inquieta, le hacía muchas preguntas  a Rufina quien a su vez, le contaba todos los detalles de sus actividades clandestinas, sobre todo cuando estaban próximos al Grito libertario y que ella sabía disimular con sus actividades comerciales. Le decía Rufina a Mamita Santos que, de hecho, el propio Segundo Villarreal hablaba con ella directamente. Todos los activistas la protegían, pero a la vez le daban misiones que ella cumplía a cabalidad. Entre esas tareas subversivas le correspondía extraer información valiosa de los jefes militares y a la vez, a ella, los revolucionarios le daban algún tipo de información de no tanta relevancia para que le fuera entregada a los españoles y se ganaría aún más la confianza de los defensores de la corona.</p>
<p style="font-weight: 400;">Desde sus tiempos mozos, Rufina muy hermosa, galana y en la flor de su juventud, comerciaba con productos comestibles. Y sus mejores clientes eran los residentes en el principal asentamiento urbano de la región.  La Villa de Los Santos, venía a ser el lugar más importante en su actividad comercial, y aunque también vendía alguna ropa, telas, cueros curtidos, calzados y otros enseres a los campesinos distantes; sin embargo, sus constantes viajes siempre marcaron como referente, La Villa. Ese era el punto central de su objetivo principal de negocios.</p>
<p style="font-weight: 400;">La vigorosa muchacha, desde muy joven, casi niña, se había convertido en el referente de los villanos y poblanos de los alrededores, quienes le compraban sus productos y parte de la cosecha, traídos en carreta, en lomo de mula y de caballos. Ese conjunto de características de comerciante; de mujer bonita respetada y de convicción; de sentido profundo y coincidente en su pensar, hacer y decir; de proceder correcto y de aplomada palabra. Con su carisma y buen trato que pese al trabajo fuerte era acendrado, le granjearon buenas, importantes y muchas amistades. Esa condición le permitió entrar a los cuarteles de la guarnición española, hacer la inteligencia necesaria y estratégica a favor de la causa revolucionaria independentista y sobre todo, tener una participación activa y rauda en los nerviosos y  peligrosos meses previos a esa fecha cumbre de 1821.</p>
<p style="font-weight: 400;">En el istmo, al igual que en el resto de la América Latina, las mujeres participaban y cumplían tareas fundamentales en el movimiento independentista. Los informes militares del ejército español daban el <em>parte y novedades, </em>con cierta periodicidad a través de las comunicaciones traídas en rápidos bergantines que se concentraban principalmente en Santa Fe, Bogotá, Colombia. También, se informaba de todo el movimiento militar y de las acciones que se estaban tomando para aplacar los ánimos y las acciones del ejército rebelde encabezado por Simón Bolívar.</p>
<p style="font-weight: 400;">Rufina, estaba enterada de lo que sucedía más allá de sus ámbitos regionales gracias a estas comunicaciones. En esos informes se daban las instrucciones que implican en aquellos meses, grandes movimientos logísticos, traslados del poco gendarme que había en los poblados que casi quedaban a la deriva, desguarnecidos; además, incluía el apoyo con pertrechos, armamentos y municiones dirigidos a Sudamérica, donde se estaban librando grandes batallas.</p>
<p style="font-weight: 400;">Ella, entre una de sus visitas al cuartel, había escuchado de un alto oficial militar recién llegado a La Villa, que en Bogotá y otras partes de Suramérica, seguían fusilando a los rebeldes capturados, incluso por el solo hecho de ser sospechosos. Esto más bien se había convertido en asesinatos jurídicos por el supuesto delito de insurrección contra la corona española. Aún se comentaba de entre esos asesinatos, uno que causó una sensación de disgusto profundo, referente al fusilamiento que ella misma leyó de años anteriores en aquellos informes de partes y novedades que describe la muerte de Policarpa Salvarrieta, el 14 de noviembre de 1817. Esa fue la época de terror impuesta en la Nueva Granada en esos primeros años del siglo XIX.</p>
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