POR: RAMIRO GUERRA MORALES.
JURISTA, ESCRITOR Y CIENTISTA POLÍTICO.
Latinoamérica, es rica en experiencias y coyuntura trágica.
Sus crisis, han sido vientres qué han traído clases de adefecios, que rayan en lo decadente y lo absurdo.
Desde locos, payasos, cómicos y hombres vanidosos y narcisistas, han pasado o mejor dicho ostentado el poder político.
También en otros lares ha ocurrido esa jugaretas como lo fue en los Estados Unidos, un actor de película de vaquero se hizo del poder y hoy uno se presenta como un rostro ridículo de Adolfo Hitler. Se cree el emperador de todo la tierra. Delirio, que seguramente dará cuenta de una caída estrepitosa.
Este fenómeno suele darse en sociedades, donde se ha perdido la conciencia de la crítica, la duda y de la libertad; es decir la cosificación de lo humano. Una especie de desideologización brutal.
Vivimos tiempos de una perversa enajenación. Ladrones, vendedores de ilusiones, demagogos, doble discursos, se venden como los elegidos y lo grave de esta realidad, los pueblos quedan enredados en las patas de estos embajadores, capaz de vender la patria.
Hay que trabajar, en un reverdecimiento de conciencia del yo en libertad. En medio de todas estas parafernalia, los pueblos también dan saltos de un iter de progreso y libertad.
Llegaran tiempos donde las estatuas de los embaucadores, serán derrivadas. El progresismo es un desafío y también la crisis la contiene, aunque a veces son partos dolorosos.













