

Por: Lucas Domingo Hernández Polledo*
Colaborador de Prensa Latina
No se trata que el mandatario estadounidense haya renunciado ni a su política, ni a sus amenazas sobre Cuba. Lo llamativo es que en las más recientes entrevistas al preguntársele a Trump y al vicepresidente J. D. Vance sobre la nación caribeña respondieron por separados y sin titubeos: “Marco Rubio está a cargo” o “pregúntenselo a Marco Rubio”.
Parecería que las máximas figuras del partido republicano dejaban toda responsabilidad de la política estadounidense hacia la Cuba en el secretario de Estado, cuando la doctrina de máxima presión adquiere tintes de genocidio colectivo y tanto Trump como Vance pudieran estar evitando verse demasiado involucrados en un cruel castigo colectivo de una pequeña nación muy cerca de Estados Unidos.
Como quiera que sea, Rubio, como consejero del presidente y encargado de ejecutar la política exterior de su país tiene todas las de ganar, sí de búsqueda de liderazgo para asfixiar a Cuba se trata.
Marco Rubio no desaprovecha oportunidad para mostrar su descendencia cubana y hacer creer que le une un fuerte compromiso con el pueblo cubano.
En ello mucho ha contribuido el dominio de la lengua española, con acento cubano, precisamente la lengua que Trump calificó como “maldito idioma” “al que no tiene tiempo para aprender”.
Para Rubio, el español representó la oportunidad para ganar liderazgo en sectores radicales del exilio cubano al sur de la Florida, los mismos que apoyaron su ascenso a la Cámara y el Senado desde donde diseñó su agenda de política de máxima presión para promover el cambio de gobierno en Cuba.


Al observar la agenda política de máxima presión a la luz de los actuales acontecimientos en La Habana, parecería estar dominada más por deseos de venganza que de compromiso para el mejoramiento del pueblo cubano.
Cómo entender que la respuesta del Departamento de Estado a las Reformas de Apertura Económica en Cuba derivó en más sanciones, y condicionamientos al anunciado fondo de 100 millones de dólares en alimentos y medicinas.
El dominio del idioma también le ha permitido a Rubio engañar a parte del público al asegurar que la responsabilidad de los problemas de Cuba se encuentra en la permanencia de gobiernos fallidos y exonera de responsabilidad al recrudecido bloqueo y el cerco energético.
Una línea de pensamiento que parecería contradecir declaraciones de su presidente, quien aseguró que en Cuba no queda otra cosa que hacer que entrar y arrasar con todo, puesto que de todo se ha hecho por el cambio de gobierno.
Eso lo conoce bien Rubio como arquitecto de política de estrangulamiento económico contra su país de origen.
Lo cierto es que el origen cubano de Marco Rubio ha creado ciertas dudas de quienes piensan que lo que sucede en la nación caribeña podría ser asunto entre cubanos y optan por tomar distancia frente al castigo colectivo.
Con ello se pretende apaciguar la solidaridad hacia Cuba. De hecho, no es casual que las brigadas de solidaridad reciban amenazas y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos resultó incorporado a la lista de sancionados bajo leyes del Departamento de Estado.
También pudiera estar buscando apaciguar el rechazo internacional que suscita el cerco energético en el concierto de Naciones Unidas como violación del derecho internacional.
Aunque Rubio ha declarado abiertamente que “a su gobierno no le importa lo que opine la ONU”. Sí le interesa presionar a la comunidad internacional para que no denuncien el castigo colectivo en plenario de Naciones Unidas.
La actual estrategia de máxima presión para Cuba diseñada por el secretario de Estado busca crear condiciones para que la desesperación conduzca enfrentamientos al interior e inmigración descontrolada que justifiquen la acción militar de Estados Unidos por concepto de seguridad nacional.
A esa pretensiòn, agreguése que el asedio energético ha provocado el aumento de la tasa de mortalidad infantil de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos, la reducción de la expectativa de vida de los niños enfermos de cáncer pasó del 85 al 65 por ciento, a causa de la escasez de medicamentos.
Más de 100 mil cubanos de todas las edades están en una lista de espera para recibir cirugías y casi tres mil que necesitan hemodiálisis tienen afectados sus esquemas de tratamiento.
Sumemos que el cuadro básico de 395 medicamentos que se producen en el país, 300 están en falta y que el programa de inmunización con 16 vacunas que protege a los infantes “está en riesgo” entre otros, negativos impactos al pueblo cubano que Marco Rubio dice defender y representar.
El diseño de política del secretario de Estado para el cambio de gobierno en Cuba no sólo es de máxima presión, es de genocidio.
Como se ha hecho costumbre desde el gobierno republicano, parte de su liderazgo parece agruparse frente a los televisores para contemplar los frutos de una política, en la cual, al parecer, un descendiente de cubanos hace todo lo imposible por matar a sus paisanos.











