La Grave Crisis por la que atraviesa el país (Análisis)

Por José Dídimo Escobar Samaniego

 

En Panamá, el vacío político provocado por la falta de legitimidad y disonancia del régimen que preside José Raúl Mulino, con las grandes necesidades sociales y económicas y el diario palpitar del pueblo panameño, han traído como consecuencia, un rechazo tan temprano como gigantesco, nunca antes visto y la aparición temprana también, de la efervescencia política en el país a pesar de que estamos a más de dos años y medio del proceso electoral de mayo de 2029.

A este hecho inédito, ha contribuido, sin duda, la acción política en la Asamblea Nacional de diputados y de sus representantes carcamales de la política partidista tradicional criolla, quienes quieren blindarse ante el inmenso repudio de los ciudadanos al manejo oportunista y desvergonzado de sus dirigentes y diputados que no desean abandonar los senderos tortuosos del clientelismo, porque de esos mecanismos perversos que envilecen a la sociedad, se han valido para permanecer en el poder y con ello, apropiarse de las riquezas nacionales, pero negándole al mismo tiempo, a la nación panameña y especialmente a los más desfavorecidos, de poder salir de este lodazal histórico que no permite que Panamá dé el salto hacia el desarrollo económico y social de todos los panameños.

La reforma de la Ley electoral que está en discusión en la Asamblea Nacional, y ya ha sido aprobada en primer debate, y tal texto parte por despreciar olímpicamente el sanear el próximo proceso electoral, y asegura, eso sí, para los partidos tradicionales, las ventajas que recrudecen las debilidades de la democracia panameña, en la que restringen los derechos ciudadanos e impiden y limitan a las personas el ejercicio de su derecho a elegir y ser elegidos, si no es, por los mecanismos que, los puedan favorecer de antemano. Las virtudes, incluyendo la generosidad, hidalguía y altruismo, prácticamente han sido proscritas.

Cualquier proyecto de reforma electoral que de verdad quiera contribuir con el rescate de la democracia, tiene el deber de imponer cargas de obligaciones a los partidos políticos en materia de su organización y democracia interna de modo que, las decisiones surgidas de las corporaciones políticas sean el fruto de auténticos debates internos (democracia interna), entendiendo que, nadie puede dar lo que no tiene. Asimismo, nuestra Constitución política asigna una tarea fundamental a los partidos políticos, cuando establece que “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular, y son instrumentos fundamentales para la participación política”. Pero hoy día, las cúpulas de casi todos los partidos han sido cooptadas por personas abanderadas del clientelismo y la corrupción que, han terminado secuestrando a estas organizaciones, cuya labor para fortalecer la democracia o es nula y en todo caso han venido a convertirse en organizaciones que han destruido la arquitectura democrática y los partidos actuales, devenidos en cascarones políticos, sin capacidad alguna para movilizar o representar a la sociedad, están ampliamente comprometidos con la corrupción a todos los niveles.

A todo este vergel de insanas y pestilentes flores, se suma la dramática situación del Tribunal Electoral que perdió toda autoridad cuando el actual presidente de la república de Panamá, José Raúl Mulino, reveló en noviembre de 2025 durante una visita oficial a Costa Rica que; en 2024 amenazó a los magistrados del Tribunal Electoral (TE) que si no lo dejaban postularse, porque no reunía los requisitos que ordenaba la Constitución política, «les prendía el país por las cuatro esquinas» en la confesión pública de una grave extorsión y chantaje, propia de maleantes, al árbitro electoral que sucumbió y extorsionados formularon una resolución que envenena la democracia y que le permitió correr en el 2024, sin que lo hubiera escogido un congreso del partido postulante, y sin que la nómina corriera con un vicepresidente escogido de la misma forma como el presidente, en virtud del ordenamiento constitucional y legal, y faltando dos días para las elecciones generales de Mayo de 2024, por una decisión política de la Corte Suprema que peligrosamente santificó y cohonestó una clara violación a la Constitución Nacional, porque el Tribunal Electoral fue el que sin facultad para ellos escogió en solitario al candidato, quedando agujereada a profundidad la institucionalidad tanto del Tribunal Electoral como de la propia Corte Suprema de Justicia, de la que solo el exmagistrado Juncá advirtió su improcedencia.

Venimos de esos mugrientes polvos que ahora nos tienen sujetos a estos lodos.

Oremos al Señor, para que, esta maldición la convierta en Bendición y el pueblo panameño, pueda salir de esta noche oscura y tenebrosa y la luz de la aurora empiece a alumbrarnos hasta que salga el sol de la esperanza y alumbre nuestra tierra y se despeje el cielo de la decencia y ese mismo sol, convertido en fuego de la justicia se coloque en su cenit y haga arder las perversas maquinaciones de los que nos robaron por mucho tiempo la esperanza y la fe en un Panamá que privilegie su dignidad y decoro, para la honra y Gloria de nuestro Señor.

¡Así de sencilla es la cosa!

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