El impacto de un suceso

Por: José Dídimo Escobar Samaniego

 

Ayer 9 de octubre de 2026, a las 12:56 del mediodía, sorprendió al país un inusual hecho. Un terremoto que duró más de un minuto, parecía interminable y sacudió los cimientos tanto materiales como espirituales de nuestra nación.

Jamás en nuestra historia de los últimos 150 años se ha tenido conocimiento de un hecho similar.  Panamá siempre se ha considerado al margen de estas circunstancias que, mientras tanto son normales cerca de nuestras fronteras y allende, pero ayer nos tocó y de qué manera.

El epicentro estuvo localizado en la región noroccidental de la península de Azuero, siendo las regiones mas cercanas y afectadas Tonosí, Pedasí, Macaracas, Los Pozos, Tierras Altas de las Minas y el Sur de Veraguas.

La naturaleza se abrió en zanjas amplias y monumentales deslizamientos en cerros, Potreros y montes partidos, caminos cuarteados, carreteras quebradas abruptamente y hundidas, hubo destrucción en más de 150 residencias, muchos comercios, 15 iglesias, 10 puentes, y toda clase de edificaciones, especialmente casi 200 escuelas públicas y 22 centros de salud, incluyendo daños mayores en el Hospital Regional Anita Moreno, pero afortunadamente, no ha habido contabilidad de muertes. Muchos expertos advierten que casi es inexplicable (es decir, milagroso) que, habiendo sido el movimiento trepidatorio y simultáneamente oscilatorio, con una potencia descomunal y una fuerza destructiva nunca antes vista en el país, no obstante, no se conoce hasta ahora ninguna pérdida humana.

Durante la tarde de ayer, miles y miles de panameños vivieron el terror de muchas réplicas. Muchos no cerraron los ojos en toda la noche, ni siquiera durmieron en sus residencias o apartamentos por temor a un nuevo telúrico. La tensión rebasaba la capacidad humana, la ansiedad se hizo presente y la angustia no quiso ausentarse.

Algunas personas han querido homenajear a los ingenieros y arquitectos por su loable y profesional labor, lo mismo que, por el estricto cumplimiento de las normativas estructurales en el país, sin embargo, yo reconozco especialmente la misericordia de nuestro Dios que nos miró con su Amor y a pesar de semejante prueba y de que nuestra nación está borracha del pecado de la corrupción, aun así su mano la extendió y protegió a los panameños.

Ayer en el mismo momento del Terremoto, estaba en un espacio amplio y la tierra se movía, como un gran ser vivo que se contorsionaba y clamé en ese momento al Señor, y sé que los hombres de fe también lo hicieron, y reconocimos lo vulnerables que somos y por eso hoy doy toda la Gloria a Dios, porque de Él viene nuestra Salvación y nuestro Socorro. El es el Soberano, y la naturaleza no permite que ni siquiera la hoja de un árbol caiga al suelo si el Señor no lo permite.

Nuestra Solidaridad con todos los panameños que, hoy comparecen a una realidad difícil, llena de carencias, pero también un momento en donde se pone a prueba el amor y la solidaridad fraternal entre los panameños, especialmente entre los que menos tiene bienes materiales pero son ricos en grandeza, humildad y decencia.

¡Así de sencilla es la cosa!

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