
Por: José Dídimo Escobar Samaniego
Era las 2 de la tarde del día 21 de octubre pasado y de repente, un vehículo con el logo de Naturgy se acercó a la Casa de Gisela Clotilde Chacón en la Mitra de la Chorrera y alicate en mano procedían a cortar el servicio de electricidad de esta ciudadana.
Gisela, es una verdadera heroína nacional, en tanto que, le ha tocado cargar con una pesada cruz a cuestas, pero ella no ha renegado en cargarla con la mayor dignidad.
Tuvo de la relación con su esposo, tres hijos que, en su primera infancia todo parecía normal, pero de repente, como si despertara algo terrible, sus tres hijos empezaron a tener una suerte de regresión en su desarrollo. Los médicos no han logrado identificar un diagnóstico claro a sus hijos que hoy cuentan con 46, 43 y 39 años de edad y han requerido la mayor atención de parte de la madre, la que ha dedicado su vida al cuidado de sus hijos a quienes defiende como una verdadera tigresa.
Como quiera que sus hijos han requerido especial atención, los escasos recursos que ha tenido a disposición para atender vastas necesidades de primer orden, llegó a acumular una deuda con Edemet, Unión Fenosa, posteriormente Gas Natural Fenosa y ahora Naturgy, cambios que deben esconder alguna explicación, una suma de cerca de 1,200.00 dólares, el cual la empresa la convocó y ella estuvo de acuerdo en llegar a un arreglo de pago en el que pagaba el mes corriente más 100 balboas en abono a la cuenta.
Ya había disminuido la cuenta de la deuda hasta la mitad, es decir 600.00, empero tuvo un atraso y luego se puso al día nuevamente, pero la empresa perversa de Naturgy, se ensañó contra esta mujer y la penalizó con 1,500.00 dólares adicionales que, sumados al remanente de la deuda hace un total de 2045.73 dólares y para poder reinstalar el servicio debe pagar un abono del 30% que corresponde a 614.00 dólares y una suma mensual adicional al consumo del mes corriente por la suma de 238.66, durante seis meses, lo cual es simplemente imposible de cumplir, no solo por lo injusto de pagar a una gran empresa que no le reporta beneficios como es debido al país, sino que es pagar energía que nunca se ha consumido, lo cual representa una verdadera maleantería.
Esta penalización arbitraria y criminal, propia de desalmados, es un atentado contra una mujer humilde y sus hijos con capacidades especiales que, lo que tienen en su casa es una pequeña refrigeradora para poder tener conservado los alimentos de los niños, un televisor para el entretenimiento de los niños, un abanico y un foco en el baño, los cuartos y el portal, una residencia de tipo rural.
Cuando hablo de niños, es de manera literal porque el desarrollo psicosocial es precisamente de infantes, por lo cual, nunca han asistido a un aula escolar, porque no existe una alternativa escolar para niños como éstos en el área cercana a su residencia.
Esta medida adoptada por la empresa Naturgy ha generado la indignación en la Mitra y en general en la Chorrera, porque es precisamente ésta empresa, la responsable de un muy mal servicio, recurrentes apagones con el consecuente daño de aparatos domésticos, en este sector del país, sin que se reparen o haya indemnización adecuada por la pérdida de los hogares.
No se trataba de una ladrona de energía, ni que tenía alguna instalación defectuosa. Ellos argumentaban, los señores del carro de Corte que, tenían la orden y que tenían que ejecutarla. Tanto los que giraron la orden, como los que la ejecutaron, al igual que el Ente Regulador, es decir, la ASEP, son responsables de la zozobra que vive esta familia y que representan el maltrato y el mal servicio que con extrema negligencia brinda Naturgy al país, vendiendo la energía más cara de todo el continente a pesar de que los costos de su producción es en un 75% de menos de dos centésimos de balboas por kilowatts hora, pero se nos vende a los consumidores, arriba de 20 centésimos, lo que representa un verdadero asalto al bolsillo de los panameños.
El actuar de esta empresa, desestima la realidad social de la víctima y por el contrario han decidido ajusticiarla y condenarla a ella y a sus bellos tres hijos, a la oscuridad y al ostracismo forzoso.
¡Así de sencilla es la cosa!















