
Lic. Víctor Collado S.
Gracias a la Ley 453 del 24 se le puso fin al egocentrismo de una «first lady» que había impuesto, en el 2004, la celebración del día del niño para el 3r. domingo de cada Julio, en reemplazo del 1/11 como era lo tradicional.
Lo lamentable de la fecha, sea la anterior, la que es hoy o dónde la reubiquen mañana, indica que el día del Niño ha sido degradado y luce infectado por la opacidad y la banalidad mientras las personas mayores seguimos alimentando nuestros egos sin hacer nada al respecto.
Los derechos de los niños no sobrepasan las bucólicas expresiones de buenos deseos, exaltaciones infecundas y promesas tan irresponsablemente como insensatas, carentes de capacidad y voluntad para aterrizar en tierra fértil.
Repasemos la realidad. En el área metropolitana que nos circunda, los niños sobreviven:
1) con hogares hechos un desastre,
2) alejados de un sistema educativo incapaz de todo y sirviendo para nada,
3) víctimas de un sistema socio-económico en donde no tienen papel ni destino,
4) con políticos disfrazados de pajarracos de 5ta. categoría que los utilizan para
lavarle el cerebro de sus electores, y
5) con tecnocratas a raudales, buenos para llenar papeles inútiles y siervos de la
publicidad y la egolatría.
En las reservas indígenas y comunidades enteras hundidas en el interior de las Provincias, la situación del Niño es inenarrrable, y viven con:
1) casa de barro y techos de paja,
2) escuelas rancho con piso de tierra en
donde se predica para el retroceso y el
estancamiento,
3) atención médica deficiente y a cuenta
gota,
4) caminos de difícil acceso y divorciados de
la mínima posibilidad para una
alimentación que les promueva el
desarrollo, y
5) abandonados por la sociedad y
los gobiernos como si hubiesen dejado
de ser panameños por la desgracia de
haber nacido y vivir en caseríos.
La numerología y la estadística que nunca faltan, no alcanzan para tomar conciencia de la realidad de la niñez de la misma manera que la narrativa que desborda las bibliotecas, conferencias y discursos, apenas tienen efímera efectividad para afrontar en debida forma, la desdicha generalizada que cubre a niños/as.
Si es vital que nos preguntemos sobre cuál sector de la sociedad debe ser rescatado con urgencia, no habría duda en responder que ese sector es la niñez. En palabras concretas: la primerísima tarea es recuperar y preservar la principalísima fuente de nuestro futuro, aquel estado de las cosas en donde los niños cuenten con un ambiente de sensibilidad (sin llegar a lo cursi), con todo lo humano que sea posible (sin rayar con manipulaciones) y en condiciones de solidaridad sin medias tintas (ajeno a lo populachero).
SIN RESPONSABILIDADES REALES CON LOS NIÑOS
SERIA PREFERIBLE NO ESTORBAR, ENCERRARSE EN CASA Y ESPERAR A QUE LA MUERTE TERMINE CON NUESTRA
MÍSERA EXISTENCIA.














