Participando En El Día Del Naza

Lic. Víctor Collado S.
Aunque el viaje hacia Portobelo estaba planeado para las 6pm, terminamos saliendo a las 7.20 pm lo que hizo que nos topáramos con el cruce de Sabanita a las 8:25pm. A poco de llegar a la entrada de Río Alejandro, un letrero indicaba que nos faltaba 33 kilómetros para llegar a Porto Bello a lo que tenían que sumarse 12 puentes antes de llegar al destino.
Tras sortear 2 retenes de la Policía, entramos al pueblo del Naza a las 10:05pm, o sea, 1 hora y 40 minutos de recorrido a cuenta de no poder rebasar la velocidad de 40 kilómetros por hora, para prevenir accidentes con los peregrinos que caminaban con sus vestidos morados confundidos en la noche, expuestos al peligro de una mala suerte.
Al momento de pasar por María Chiquita no se exigía el «pagó por la contribución de la limpieza» de la comunidad portobeleña, como era lo común. Desde sus inicios, esos fondos no dejaron de estar marcados por la ausencia de rendición de cuenta mientras la basura quedaba al descubierto por las acciones de devotos, curiosos y visitantes.
El 21 las misas empezaron a las 7am desde una tarima elevada sobre una plancha de cemento cubierta por ladrillos que hizo desaparecer la plaza de tierra que estaba frente a la puerta mayor, y fueron reubicados, para fortuna, los vendedores de velas, imágenes y rosarios; pero siguen en esa explanada las carpas de los canales de TV vendiendo publicidad a nombre del Negro.
A lo muy alto se asomaban nubes de agua que amortiguan el calor de los rayos del sol.
Al cabo de algunas horas después, la celebración para los míos se alteró en términos radicales.
Concluida la 2a. misa del día, hicimos un pequeño recorrido por las áreas de mayor bullicio y concentración de devotos, y regresamos al vehículo para prepararnos el desayuno. Estando en eso nos percatamos que un neumático estaba desinflado y para desgracia, no había llantero alguno para el reaseguro con una llanta de repuesto, aunque lo hubiésemos buceado en el fondo de las aguas ofuscadas que Siglos antes impidieron que la figura del Cristo fuera alejado de Porto Bello.
Cuando el asunto se arregló quedándonos sin llanta de repuesto, nos fuimos a encontrar con los familiares de siempre, iguales de creyentes empedernidos del Negro, y pudimos almorzar todos juntos.
Con la idea de reposar, regresamos horas después al carro con la intención de refrescarnos con el A/C porque las nubes aquellas se habían mudado de pueblo facilitando que los rayos del sol calentaran el ambiente a tal grado que hubiese sido posible cocinar una torta de huevo en una hoja de zinc en descampado.
Sucedió que la batería dejó de funcionar y hubo que «yompearla» para enfilar el regreso intempestivo a un taller de la ciudad de Pmá. (siendo las 3pm) porque el carro tenía que mantenerse encendido.
Al final de 4 horas de recorrido ininterrumpido, la batería fue reemplazada en un puesto de venta a la entrada de Pacora.
Y por si nos faltara algo, desde Portobelo, empezó a sonar una alarma, sin origen conocido, que sólo se silenciaba apagando el motor, lo que sumó más ansiedad a la que ya teníamos de sobra.
Al día siguiente, 22, un técnico con computadora en mano, pudo resolver el tema del sensor invasivo y perturbador, y en otro taller encontramos llanta de repuesto.
Todas las historietas contadas, juntas o por separado, no fueron capaces de superar lo trascendental de haber estado en la fiesta del NAZA rogando por la flia. y los amigos
               Equajey, Maelo.

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