Los barracones de la bananera en Armuelles.

Ramiro Guerra Morales
Abogado y cientista Político
Narrativa corta para no olvidar.
Crecimos y nos criamos, viviendo en los BARRACONES qué la empresa manita yunay, había construido para los obreros.
La cocina era de zinc. Nunca olvidaré que siempre en el desayuno, también a medio día como en la cena, no faltaban los invitados. Caminaban por la parte superior de la cocina.
Eran enormes ratones. En una ocasión, mami se fajo con una o uno de ellos. Enorme mordida en uno de los dedos, desinfectada con kerosone. Ella salió vencedor, la mató.
La empresa sabía de la proliferación de esas ratas, pero nada hacía. Una que otra vez, mandaba a irrigar veneno. Pero que va, estas se hicieron inmune.
Estos rumientes eran osados, solían enfrentarse a uno. Se la rifaban por la comida.
En la oscuridad de la noche, invadían toda la cocina. A veces, todavía niño, bate en mano me enfrentaba pero inútil el esfuerzo. Tenían varias rutas de escape.
Pobre de mi mami, la lucha por ahuyentar a dichos rufianes resultaba inútil. Llegaron hasta tener presencia en los baños. Todos los huecos por donde pasaban tuberías, estaban tomado por estos animales.
Así se vivía en esos  BARRACONES. Y que decir, de los servicios, casetas de zinc, construidas al lado de las calles. La insalubridad elevada a institución.
La autoridades y la empresa, no entendían la rebeldía de los obreros y sus luchas. No solo era salario dignos, sino condiciones de vida.

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