

Por Ramiro Guerra M.
Jurista, escritor y cientista político.
Qué sería del estado, prescindiendo de los derechos y garantías fundamentales? Simple, el estado fuerza – policíacos reinado.
Un salto al pasado, al estado absolutista. Lo anterior se resume en la frase, el estado soy yo. La ciudadanía no cuenta y menos sus derechos individuales y sociales.
Vamos más lejos, el estado autoritario, prescinde de la vida en democracia. Elementos de su esencia, como el Disenso, es elevado a la categoría de delito. Nosotros los ciudadanos, somos opacados. Derechos, como la, de expresarnos libremente, de reunión, de protestar, hasta de religión, son limitados por la botas policíacas.
Nuestra región latinoamericana vive y transinta por el síndrome de regímenes ultra derechistas, cuya supervivencia, descansa en la fuerza bruta en el marco de democracias restringidas. Estos regímenes son muy dados a sembrar miedo en la ciudadanía. Ese es su estilo de gobernar.
Siempre lo he escrito, las oligarquías por naturaleza, no son democráticas. Menos en un escenario donde el colonialismo imperial está de vuelta.
Soberanía, independencia, dignidad, son conceptos anulados por esa alianza oligarca imperio.
En un escenario como el descrito, la libertad, esta merced a ataques de un estado que no es democrático. No hables y no hagas gala de disentimiento, porque te meten preso. Esa es la realidad del estado bruto y sus regímenes autoritarios.
Reitero, hoy la lucha por un real estado de derecho y una democracia real, de ciudadanía, es pan diario de cada día.
Callar frente a la canalla autoritaria o ser complaciente con una realidad como la descrita, es negarse a sí mismo. Riñe con el atributo de la dignidad.
Basta de violaciones al título tercero constitucional.











