lo único que no podemos darnos el lujo de perder, es la Universidad de Panamá.


Licdo. Vístor Collado S.
Lic. Víctor Collado S.
Como estaba previsto, el pasado 1/7 la comunidad universitaria escogió Rector, Decanos y Directores de Centros Regionales en cuyo proceso prevaleció una diferenciación en el valor del voto por sector.
Así, el voto de los docentes vale más que el voto del personal administrativo y al de los estudiantes. Para esa fecha se tenían 60 mil electores empadronados en toda la Universidad.
Hubo ocasión en este año de cambiar las desigualdades que permiten que un voto tenga un valor superior a otro. Esa iniciativa legislativa se frustó y se confirmó, de paso, los vínculos estrechos entre la partidocracia enseñoreada en la AN con los centros universitarios que se amamantan del presupuesto nacional. Esa conexión explica, como ningún otro motivo en especial, porque el proceso electoral en la Universidad es lo mas aproximado a una reproducción de la politiquería general de cada 5 años cuando elegimos candidato para el Ejecutivo, Diputados por Circuitos, Alcaldes para Distritos y Representantes de Corregimientos.
Ese enlace le da sentido del porqué los recursos públicos de la Universidad se dilapidan o andan en rumbos inciertos, las influencias y traslados para torcer voluntades son el pan diario, los cargos se asignan o se retiran en función de las necesidades del que aspira o quiere continuar en el puesto, los programas de extensión o de investigación, terminan diseñados o archivados en atención a los frutos que se quieran cosechar electoralmente, y se empapelan las edificaciones como si se tratara de un carnaval, bromas de imberbes o una fiesta de 15 años al mejor estilo callejero.
No hubo debate académico del que se tenga memoria para citar o comentar, y en lugar de una contienda de planes factibles y con futuro, el ambiente se colonizó entre volantes y reportes periodísticos donde fueron noticias las promesas pomposas para un centro de estudios superiores que viene a menos e, infortunadamente, escoltado con alardes y una ostentación aparatosa que deja irrelevancias amontonadas por doquier.
Y qué se espera a partir de la toma de posesión de las nuevas autoridades? Ventilación de sueños, nombramientos de consolación, represalias sutiles, la ordinariez usual, represalias, inconsistencias en las propuestas, encogimiento ante los dilemas de interés nacional y todo un murmullo de ficciones institucionales, para que cuando se asome el próximo torneo electoral, los estamentos universitarios vuelvan a enrolarse para escoger entre la reelección de los atornillados en la estructura versus los ungidos del poder.
Al país le convendría modificar a fondo las reglas del torneo electoral en las universidades públicas y tan urgente como lo demandan las circunstancias porque hay que darle a la investigación, a los inventos, a la extensión y a la academia, la altura y proyección con la misma entrega y entusiasmo con que los universitarios se apuntan para elegir sus autoridades.
Si el rumbo fuera hacia la luz, es decir, de la oscuridad hacia la claridad, estaríamos anticipándonos a que la crisis universitaria en cierne no se profundice al punto de alcanzar niveles tumorales.
Y debe ser así, porque lo único que no podemos darnos el lujo de perder, es la Universidad de Panamá.












