Panamá: entre inocentes invitaciones que favorecen la deriva autoritaria.

 

 

 

Por Enrique Avilés

 

 

 

La reciente reunión del ejecutivo con las bancadas del legislativo no pueden, ni deben verse, como una simple aproximación entre ambos para una colaboración asertiva, tal cual nos las quieren vender. Ambos poderes del Estado tienen sus respectivas misiones y sus objetivos claros definidos en la Constitución Política de la República, al igual que ambos deben actuar de manera coordinada como establece la ley principal, estableciendo sus alcances y límites entre ellos, dicho más claro, sus pesos y contrapesos, sin permitir la injerencia de uno sobre otro. Lo anterior hace preciso reflexionar con recelo, no sin fundamento descabellado, la visión mediática de inocencia, entrega y colaboración en la reunión del ejecutivo y legislativo, que supera y confunde el espíritu de coordinación fundamental entre poderes al transformarlo en “inocente” colaboración, dando clara cabida a la injerencia y sumisión de un poder sobre otro.

 

Lo planteado no surge por necedad, sino ante la denuncia de dos años de gestión ejecutiva que muestra diversas injerencias y exabruptos para con el legislativo, donde la última elección de la presidencia de la Asamblea es la marca evidente de control del ejecutivo. La percepción ciudadana no es simplista y no está para cuentos que trastean la constitucional coordinación entre poderes por el eufemismo del “diálogo y la colaboración”. Todo lo anterior ante una continua exclusión de participación cívica cuyo modus operandis es el de la ley 462 en su aprobación, o sea que la ciudadanía hable ante poderes ejecutivos y legislativos sordos, evidenciando que la democracia quedó reducida a la participación de dejarte hablar y descaradamente negar lo que la ciudadanía propone o le afecta. Sin olvidar las denuncias que ya existen en el plano internacional de violación de derechos humanos, especialmente los de protesta pacífica, huelga y sindicalización.

 

El equilibrio de poderes es esencial para la democracia y socavarlo, so pretextos de colaboración, permite la concentración de poder en el ejecutivo, no garantiza transparencia y deja sin protección los intereses de la ciudadanía anulando cualquier indicio de voluntad popular. Se avecinan temas de suprema sensibilidad como lo son la mina, bioetanol, reforma educativa y embalse de rio indio, lo que precisa que ambos poderes mantengan su sana independencia, no hacerlo da paso a tocar la puerta del autoritarismo, recordando las reuniones de dictadores pasados con su bancada favorita para colaborar por el bien del país. Dios salve a la patria y protege a quienes la defienden.

 

El autor es historiador.

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