Una Sociedad Civil Y Una Ciudadanía Silenciada.

Por: Ramiro Guerra M.
Jurista, escritor y cientista político.

Con mis siete décadas a cuesta, muchas vivencias acumuladas en la vida estudiantil y experiencias vividas desde el siglo pasado, donde reinaba la plutocracia y una rampante partidocracia, denunciada en esa época por el abogado Felipe Pérez, me da la autoridad, para denunciar que los tiempos de hoy que, se viven en la región latinoamericana y mi patria, no tienen nada que envidiar aquellos tiempos de persecución y hostigamiento al pueblo y sus organizaciones.

Terrible que un régimen se plantee aniquilar a los sindicatos y un presidente gringo, Trump, promueva una cruzada para liquidar a la izquierda y todo que signifique progresismo.

Un ambiente, donde la constitución reducida a una hoja de parra, derechos fundamentales y su tutela objeto de VIOLACIÓN sistemática. Un órgano judicial y un ministerio público, muy distante de un real estado democrático y un estado de derecho mediatizado.

No se trata de algo nuevo. La patria vuelve sobre los caminos del reinado oligarca y entrega de la soberanía.

La situación raya a tragedia democrática. A pesar que hay panameños y sectores organizados, que no dan a torcer la cerviz, los factores de poder dominantes, han logrado imponer por vías del terror desde el Estado, una cultura del silencio. Ello provoca como resultado  de tal empeño, a la sociedad civil y sus organizaciones, el amplio abanico profesional, elude los temas de fondo y juegan a pasar agachados.

Un ejemplo, los gremios, entre ellos; los abogados, frente a la sistemática violaciones al orden jurídico, prefieren por prebendas o simple comodidad, jugar al silencio, dejar hacer, dejar pasar.

Se trata de un vacío, que llenan los influencers, los correveydiles y toda clase de oportunistas.

Viejos nacionalistas, colgaron los guantes. Sirven por vergonzoso oportunismo al status oligarca. Sino eso, pasan agachados, igual demócratas de antes. Colgaron los guantes.

Una sociedad que persigue al que disiente, no puede ser democrática.

La situación es grave; sabemos donde estamos plantados, no a donde llegar. Lo anterior es lo que sugiere grandes desafíos. En la agenda patriótica y social, no parar. No hay de otra.

Trump presume de una alianza de países, devenidos en un ignominioso protectorado, lo que llaman su patio trasero y la derecha y ultra derecha celebran esa perversa posición de Trump.

Vuelvo y reitero, Bolívar no ha muerto, tampoco Martí, la lucha, sus contradicciones, tarde o más temprano, abrirán caminos de un reverdecer de la naciones y la patria grande latinoamericana.

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