El General Omar Torrijos Herrera, El irrepetible

Licdo. Vístor Collado S.

Lic. Víctor Collado S.

A 45 años de haberse cumplido la fatal desaparición física el viernes último, la figura del comandante Omar Efraín sigue como personaje trascendente en la construcción de la Nación, sin que los defectos y errores que tuvo le hayan descartado su papel histórico. No fue el único actor en esa obra nacional, al igual que no puede negarse que está entre los primeros obreros en esa edificación.

Examinando trazos de su trayectoria vemos que si su presencia beligerante no tuvo un origen con fundamento en las urnas, eso no alcanzó para empañarle su gestión si se compara con los otros que fueron fruto de un proceso democrático engañoso tras el cual no pudieron superar la distancia de sus mediocridades.

El General vió y consintió violaciones a derechos fundamentales, sin duda. Sin embargo, y sin que sea consuelo ni justificación, hubo gobiernos posteriores y el actual, que incurrieron y cometen, toda suerte de arbitrariedades contra los mismos derechos elementales amparándose en que sus acciones se hacen en función del prostituido debido proceso legal, en el interés de asegurar la sumisión al status quo por exigencia de la seguridad nacional o por el desacreditado dogma de la seguridad jurídica.

Se le reprocha a Torrijos haber hecho poco ante la corrupción que creció como la hierba, el aprovechamiento ilícito de los recursos oficiales y el enriquecimiento inexplicable de los pocos de siempre. Hoy día, esas lacras tienen otras modalidades y los que siguen gritando honestidad, están embarrados de todo lo contrario desde la cabeza a los pies pero desenfundando, a conveniencia, el presumido estribillo sobre la presunción de inocencia, cada vez que se les recuerda su pasado sombrío.

Es verdad que los vicios de la época torrijista se han mudado a los tiempos actuales. No se olvide, sin excusar nada ni a nadie, que nuestro ADN está tan distorsionado que el estado de las cosas variarían poco o nada aun si decidiésemos encargar a una Divinidad como Jefe de Gobierno.

La tragedia humana indica que para los seguidores del General, nada de lo que se agregue en su favor lo requerirían porque están ofuscados ante su figura; y sus enemigos sólo oirán lo que se diga en su contra porque son obstinados hasta lo increíble.

El suscrito, que me quedo en la fila de los seguidores, diré, como hechos histórico:

1. Pudo aprobarse en cualquier época, un Código de Trabajo como el de 1972, sin descontar las mutilaciones y vilipendios de quienes nunca le han permitido al Código dirigir las relaciones obrero-patronales en paz?

2. Alguna vez se había ensayado antes una representación como los Representantes de Corregimientos? Y no descartamos el trago amargo de su descenso por la ruta del caciquismo y las irresponsabilidades permitidas por la peor especie de impunidad política partidista generalizada.

3. Cuál y cuándo fue el antecedente legítimo de las leyes de vivienda de 1973?. Véase, sin embargo, que el cadáver de esa legislación ha tenido una larguísima «misa» de cuerpo presente con la asistencia de sus autores y descendientes, en primera fila.

4. Cuál y cuándo fue la mejor organización de los hombres del campo anterior a la de los asentamientos campesinos? En este caso no es posible olvidar la imperdonable regresión histórica que tuvo aquella estructura hasta haber desaparecido por culpa de propios y extraños.

5. Hubiera sido posible el Tratado del Canal de haberse mantenido la política oficial revisionista y prescindiendo de la internacionalización del reclamo panameño? Resulta honesto aceptar que la gigantesca tarea por el Tratado trajo consigo restricciones en derechos ciudadanos y políticos, debido a factores políticos imponderables.

No es posible avizorar el punto concluyente de esta controversia indetenible porque, lo más seguro, es que no exista ninguno.

Según Einstein, el tiempo enseña que nada es un milagro o que todo es un milagro.
Y debemos mantener, como diría E. Galeano, un estado de alerta que evite que le sigamos dedicando más tiempo discutiendo sobre el envase y menos sobre el contenido.

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