«Hasta Las Ultimas Consecuencias»

Licdo. Vístor Collado S.

Lic. Víctor Collado S.

 

Sería difícil encontrar, en los tiempos actuales, a un panameño que por A o B motivo no haya escuchado esa frase de rojo intenso para cuando alguien se refiere a un reto, compromiso o una tarea por emprender.
Advierto que renunciamos a escarbar sobre su origen por la influencia de un presentimiento que nos hizo suponer que cualquier pasado (de ser motivador), segurísimo que debió ser adulterado por el tránsito de los vulgares que abundan y afectan cual plaga social

La expresión aparece en boca de los quejosos, legítimos o farsantes, la sueltan las autoridades desde la solemnidad de sus puestos de papel, los políticos en soltura la balbucean, y para los que se aferran a ella como tabla salvadora, alcanzan trasmitir imágenes de globos inflados de firmeza y rectitud, engatuzando con una resolución que la comercializan a prueba de balas.

Tanto ha galopado esa oración en el tiempo (y lo sigue haciendo), atravesando a campo abierto y sorteando toda suerte de circunstancias, que poco falta para que a alguien se le ocurra patentizarla como marca o hacerla inscribir en el diccionario de la lengua panameña en calidad de vocablo omnicomprensivo, que trasmite decisión, firmeza y comportamiento irreductible de todo aquello que debe y conviene hacer, por encima de los inconvenientes.

El infortunio histórico es que «Hasta las Ultimas Consecuencias» no llega a ninguna «últimas» prometida y menos generan «consecuencias». Usualmente el hecho que se etiqueta con la expresión que se comenta, nace en un acto instantáneo, trae un eco de publicidad fugaz y agoniza sin mudar de cuna, ocultando el rostro con un manto grisáceo de desprestigio.

Es un enunciado que esconde impotencia, tapa las incapacidades de cualquier tipo, delata fingimiento y es un aviso, absolutamente cierto, que nada pasará significativamente, y que los días se sucederán cayendo en el cesto del calendario mientras el estado de las cosas seguirán iguales sin perturbación alguna.

Quien vocea la frase asume que, su sola proclamación es símbolo de poder y se engancha a la idea que el tiempo terminara ocultando su incompetencia. Y si aparece una pregunta resucitando el interés de conocer la suerte final de aquella expresión, siempre habrá la salida para decir que las «consecuencias» se esfumaron o siguen pendientes por responsabilidades de otros.

«Hasta las últimas consecuencias» tiene una desconcertante excepción porque la susodicha frase es efectiva en los delitos de bagatela y de apellidos de rutina, contrario a lo que ocurre con los pecados de cuello blanco, en donde las morisquetas se reproducen en tanto más millonario haya sido el fraude.

La vida, como escuela irreemplazable, sigue repitiendo que:
«Hasta las últimas consecuencias» es sinónimo de cobardía.
«Hasta las últimas consecuencias» es la cara visible de la incompetencia.
«Hasta las últimas consecuencias» es la revelación anticipada de una trampa.
«Hasta las últimas consecuencias» resume los síntomas de un personaje maleable, vegetativo, ignorante, sin ideales y un borrego profesionalizado con oprobio.
Y, para terminar, porque no merece mas espacio, «Hasta las últimas consecuencias» es una capitulación que distingue a los desvergonzados empedernidos, grises y grasosos, hasta bastante más allá de lo inexpresable.

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