Algo huele a podrido

Victoriano Rodríguez Santos

 

Hemos expresado en diferentes escritos la posibilidad de antipatrias o traidores, dispuestos a alinearse a las reclamaciones de la minera.

Esa presión contra las organizaciones sociales, la separación de los 298 educadores, el aumento en la criminalidad, robos, secuestros, hurtos, así como la creación de policías cuasi paramilitares en algunas alcaldías, permite vislumbrar un siniestro futuro para el país.

El hecho que impusieran la Ley 462, a sangre y fuego, a pesar de las protestas por los perjuicios que pueda causar a la población trabajadora, huele a podrido. Es necesario orientarse y caminar de frente contra quien intente inclinarse ante los piratas o corsarios del presente y ser considerado non grato, traidor, indigno, despreciable.

Es el momento de unificar al país, en pro de una lucha generacional, impulsada por los mártires del 9 de enero, el cual trajo como resultado los tratados Torrijos-Carter.

Este pueblo no puede permitirse se le siga engañando con regalitos que hace una empresa cuasi proscrita, para la obtención y logro de la reapertura ilegal de la mina. Cualquier bucanero pudiera actuar contra el patrimonio nacional. La Corte Suprema de Justicia, en su magistral Fallo de 23/11/23, expresó que; ningún derecho, ni siquiera el económico, está por encima de la salud y de la vida humana.

El país requiere de funcionarios que cumplan con la ley, a fin de darle seguridad jurídica, honestidad, decencia, civismo y proyecten transparencia que, si bien pareciera no preocuparles en su gestión, deben honrar la institución que representan y por lo menos leer el Código de Ética.

Existen denuncias de excesiva propaganda política del gobierno hasta en documentos oficiales, incluso en las placas vehiculares, donde la comunidad tiene todo el derecho de cobrar por esa propaganda no grata.

Existen grandes amenazas, para la población, donde no escapa el encarecimiento de los productos alimenticios. El nuevo impuesto a las compras internacionales. La destitución a empleados públicos, iniciando con las mujeres, mientras sostienen la existencia de un crecimiento económico, que no permea para la población. Algo huele a podrido. Soy el hijo de Juana. Dios te salve, Panamá.

 

Economista, educador, máster en Recursos Humanos

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