Es enorme el peso que hay que soportar por no comprender la realidad de las cosas.


Licdo. Vístor Collado S.
Lic. Víctor Collado S.
Por más que hemos buscado, es complicadísimo encontrar otros principios en donde el Derecho no haya fracasado aparatosamente, como los paradigmas en los que se postula que todos somos iguales ante la Ley y que la Justicia es igual para todos.
Significará, entonces, que la Justicia no existe porque no es igual para todos? No. Eso equivale a que la justicia que existe es selectiva. Es aquella donde la Justicia no se concede ni se le reconoce a alguien en función de la razón que se tenga o demuestre; sino en atención a la calidad de las partes (dime quién es) y también, por lo que se reclama (de mayor o menor valor o trascendencia).
Tampoco supongamos que somos iguales por los conocidos símbolos de la diosa Temis, de la mitología griega, representando el orden, la ley y la equidad. Sucede que tiempo después, la leyenda fue adaptada con una elegante mujer delgada, luciéndose con los ojos vendados, con una balanza y la espada sujeta a su derecha. La verdad histórica enseña que los ojos vendados de la diosa importa poco porque conserva sus orejas para escuchar, boca para tragar y manos para recoger y apretar.
El hecho indiscutible que la Justicia no es igual para todos, no puede llevarnos a concluir que el mundo en que vivimos pertenezca al reino ingobernable de la barbarie. El imperio o la existencia de la convivencia en paz (ficticia más que real) no le debe un solo pelo a la Justicia; el asunto consiste en que la justicia selectiva no es lerda, tonta ni ingenua y se vale de lo que tenga a mano para que se respeten y/o hacer respetar, sus preferencias. La justicia selectiva es símbolo de poder y como tal actúa y se impone. La espada que empuña Temis con su mano derecha, es símbolo del poder correctivo de la Justicia. Es probable que no exista otra manera para entender que pese a que todas las revueltas conocidas tuvieron como pancarta útil lo de justicia igual para todos, una vez los victoriosos se aseguraron los cargos, salió la justicia selectiva a tranquilizar las aguas a sangre y fuego, las veces que fue necesario, y así sucesivamente, en un tránsito ininterrumpido, hasta que llegue el siguiente disturbio socio-político que nos ponga de patas para arriba y a otros para mandar.
Si el Derecho, en la concepción Ideológica de determinadas corrientes de pensamiento, es parte de la estructura del poder en la sociedad en cuyo seno, como ocurre en nuestro País, pocos controlan los resortes del poder, mientras la inmensa mayoría es desplazada, no puede sostenerse que, por gracia de la Justicia, todos somos iguales ante la Ley.
Si la justicia, como expresión del Derecho, la controlan pocos, con qué ingenuidad puede concebirse que sea igual para todos.
Cómo haríamos para que las diferencias reales y objetivas, desaparezcan y nos hagan iguales ante la Ley.
Si los jueces son seleccionados por los pocos con poder, cómo ellos podrían igualar a los muchos, que no tienen poder, ante la Ley.
Si todas las leyes nos ponen como iguales en derechos, oportunidades y etcetera, porqué siguen desposeidos los.muchos.
Ya no es la religión únicamente, ahora es el Derecho y la Ley, los que nos mantienen drogados e idiotizados.
Cuesta demasiado entender la mansedumbre.
Es enorme el peso que hay que soportar por no comprender la realidad de las cosas.
Resulta triste y desesperanzador observar en el mundo cómo tantos se inmolan en las luchas abogando por los Derechos que los pocos deciden cuándo y cómo los muchos deban utilizarlos o gozarlos.
Prácticamente todo lo que antecede es de conocimiento público, corriente y normal.
Lo raro es que esos principios no los tienen presente la gente en su diario de vida, y, en cambio, seguimos inflando globos o construyendo castillitos de arena mientras la realidad nos consume a dos manos y sin la molestia de masticarnos.













