
Por Alejandro Román Sánchez
1.CONVICCIÓN DE AMPARO. El sismo del 9 de octubre de 2026 ha revivido en nuestro país, sentimientos de amparo de Panamá ante hechos de la naturaleza.
Una parte importante de la población cree firmemente, y da gracias por eso, que la cobertura obedece a la posición geográfica privilegiada y a la bendición divina, o sea de Dios. Para este segmento de la población, esto explica los resultados del sismo.
A pesar de su magnitud, superior a otras recientes en la región, la devastación no alcanzó los niveles previsibles.
Para dicha población, lo acontecido es una confirmación de lo sostenido. La suma de factores positivos explicados científicamente, dan muestra de ello.
La posición geográfica privilegiada y bendecida nos libra repetidamente de siniestro causados por sunamis, erupciones volcánicas, huracanes, sismos, tornados, etc.
2.SORPRESA Y PREDICCIÓN. No obstante a la convicción anterior, el sismo y su magnitud son realidades que tomaron por sorpresa a la generalidad de los panameños. Acostumbrados a la percepción de estar misericordiosamente cobijados.
Lo sucedido nos ha hecho entender que estamos expuestos. Que debemos tomar consciencia del aviso y estar prevenidos.
Hay quienes afirman que el suceso no es sorpresa. Era previsible, cuando la humanidad en general, y los panameños en particular, tienen algo que aprender y corregir. El sismo y su magnitud no son un hecho aislado y sorpresivo. Es un aviso profetizado.
Para este sector de la población, es cuestión de hacer la lectura correcta, extraer la sabiduría que hay detrás y emprender los cambios correspondientes.
De lo contrario, seguiremos sumergidos en un torbellino de eventos, que aseguran más destrucción por hechos de la naturaleza y de la propia humanidad.
3.LO BUENO ENTRE LO MALO. Circulan explicaciones del por qué de los resultados del sismo, cuya devastación, pese a su magnitud, fue afortunadamente muy inferior a lo previsible. Unos destacan causas científicas. Otros, factores humanos. Otros, una combinación de ambos.
Lo cierto es que ninguno niega la incidencia del buen desempeño profesional y ético de los arquitectos y de los ingenieros panameños. Quienes están siendo objeto de reconocimientos nacionales e internacionales.
El reconocimiento nacional implica tres cosas. La primera, la exaltación de los conocimientos científicos, técnicos y tecnológicos de esos profesionales panameños, los cuales denotan una experticia digna de elogio.
La segunda, la gratitud por la endereza y la verticalidad, en general, en el ejercicio de sus profesiones.
Extremadamente relevantes, en una sociedad en la que buena parte de otras profesiones tienden a sucumbir ante la tentación de la corrupción.
Los resultados profesionales y ciudadanos de los elogiados, destacados con debida o excesiva dimensión, contrastan con los de otros sectores de la sociedad, que han dado lugar a la pérdida de confianza en instituciones, organizaciones, personeros y profesionales del país.
Es notoria la desconfianza en la administración de la justicia, debido a la impunidad y a la justicia selectiva. Es visible el desengaño y el desdén que despiertan los líderes y partidos políticos.
La tercera, el agradecimiento por constituir una muestra real de esperanza, de que el país tiene solución.
Una constatación vibrante de que existen panameños que se resisten a sucumbir ante las tentaciones, que minan el bienestar general y el futuro de las grandes mayorías.
Empobrecidas y en riesgo de poder disfrutar de una vida sana y digna, debido a ambiciones codiciosas, sectarias y deshumanizadas.
4.EL SUMMUN DE LOS COLMOS. El summun de los colmos es que, por un lado, Panamá y los panameños podamos gozar de la tutela Divina, que nos ampara de devastaciones y sufrimientos causados por la naturaleza. Devastaciones y sufrimientos que la humanidad no controla, ni puede sustraerse.
Y que, por el otro lado, por hecho del hombre, la codicia insaciable y la corrupción galopante de un grupito de personas provoquen convulsiones y sacrificios sociales, que impiden vivir a la inmensa mayoría una vida sana, digna y en paz. Convulsiones y sacrificios que están bajo el control de la humanidad, de los que si puede sustraerse.















