
Ramiro Guerra M.
Jurista, Escritor Y Cientista Político.

En el escenario político, la irrupción de partidos, no es sinónimo de que crecemos en democracia. Todo lo contrario, traduce una crisis profunda de liderazgo y representación.
Peor, al decir del Dr. Felipe O. Pérez, Jurista de renombre, en el anciano régimen oligarca, criticó la partidocracia, abundancia de partidos, como la expresión de la crisis de hegemonía política de la oligarquía.
Aquella situación, reaparece hoy. Los partidos no son referentes nacional, menos democrático. Los caracteriza un PREBENDALISMO exacerbado.
La corrupción socaba todo el entramado o Superestructura de la política y el fenómeno de la desideologización, los ubica como parte de una degeneración perversa sin referencia ciudadana. Sencillamente hacen parte del desquiciamiento que atraviesa toda la sociedad.
Recuerdo cuando el Dr. Carlos Iván Zúñiga, caracterizó al estado y sus componentes, graficándolo como un cuerpo podrido, que por donde lo tocaba, saltaba la pus.
Algunos de los signos de esa patología: Entre ellos, un régimen sin referencia social, es decir gobierna sin legitimidad social popular y democrática, un poder que gobierna sin norte alguno, es decir, no tiene horizontes claros, además, lejos de una referencia social colectiva, se reclama oligarca y punto. También la corrupción afecta todo el cuerpo social, la robadera esta a la orden del día, una justicia que sirve al juego de los poderes fácticos como la de la fuerza de otro órgano del estado, el ambiente electoral, un juego de intereses cruzados, una asamblea que se juega su existencia en servir o no a la estructura del poder político y económico. No tiene definiciones ni horizontes claros. Cómplice en todo los desmanes del poder presidencial.
El ser nacional ha sido mediatizado por la intervención extranjera, la militancia democrática y su hacer mediador, objeto de persecución.
El estado, como de las interlocutor del pueblo, no existe, ahoga el protagonismo ciudadano del pueblo.
La realidad descrita, es el resultado de hechos y situaciones que nos vienen de décadas. Han hecho síntesis con lo que tenemos hoy, que nos tiene viviendo en un estadio de mayor crudeza.
No queda otra, que seguir bregando hacia cambios, de esos paradigmas viejo e inútiles.
No perder el optimismo de que un mejor amanecer es posible.















