

Por Ramiro Guerra M.
Jurista, escritor y cientista político.
La nación silenciada en sus valores de dignidad patria, salvo algunas expresiones que se resisten doblar la cerviz frente al poder de las élites oligarcas, el hegemón del norte y empresas transnacionales.
Observamos a una clase política, hueca y entregada a estos factores de poder, no tienen discurso que reivindique la cultura y la ideología popular. Todo su hacer mediador y práctica política, es de un pragmatismo que se traduce en utilitarismo de coaligación de intereses oportunistas, de mis intereses y cero referencia a proyecto alguno de significación patriótica.
Todas las referencias al texto constitucional, en materia de soberanía, independencia y autodeterminación, totalmente nulas e inexistente. La chabacanería y el pensado actuar de no tocar estos conceptos y valores, dan cuenta de una sociedad venida a menos.
Se trata de un actuar, donde para los pelafustanes del poder, más sentido tiene tomarse una foto con el embajador del norte, rendirle subordinación y pleitesía.
El lenguaje de la dignidad y sentido de pertenencia qué da el ser nacional, brillan por su ausencia en el universo de la política. Entreguismo a la vista. Valoran más su sentido de cipayos.
La realidad descrita, es la misma que atraviesan gran parte de la región latinoamericana. Aceptar la retórica del patio trasero, es traición y desprecio por la nación.
Los pueblos de Latinoamérica, han escrito la epopeya de liberación y democracia popular. El éxito en silenciar la conciencia de patria, es una cuestión de tiempo, Bolívar y Martí, como Justo Arosemena, siguen vivos.
Las ideas del cambio, no mueren. Viven siempre. La hora de rendir cuenta llegará.












