Haciendo El Epilogo A La Fiesta mundial Del Fútbol

Licdo. Vístor Collado S.

Lic. Víctor Collado S.

Hoy baja la cortina de la versión # 23 de la copa mundial de fútbol de la Fifa.

Desde el 11/6, el mundo deportivo y otro tanto en minoría, estuvo conectado y pendiente de los juegos celebrados en 3 países distintos.

Volverá mañana el silencio a los Estadios, la fanaticada, bulliciosa, alegre y arriesgada, se ocupará en otros menesteres a la espera de retomar por asalto la audiencia «urbi et orbi» dentro de 4 años.

Entremos a la cancha de 105 metros de largo por 68 de ancho, internacionalmente consideradas, pateando el balón de Eduardo Hugues Galeano (1940-2015) con su libro «El futbol a sol y sombra» (1995), lanzado a las gradas a 10 años antes que la vida le sacara la tarjeta de roja expulsándolo del juego para siempre.

Según el laureado escritor-hincha uruguayo, destrabando la satánica atadura del opio de los pueblos.- se preguntó contestándose él mismo-: «En que se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales»

Mientras algunos izquierdistas, resumió Galeano, consideraban que el juego de patear la pelota castraba a las masas y les desviaba su energía revolucionaria, desde Italia Gramsci elogio «ese reino de la lealtad humana ejercida al aire libre».

De allí sale que el hincha congrega una religión sin fieles, camina a ciega hacia el estadio para ver la lucha a carne y hueso, contemplando el milagro de sus divinidades en contra de los demonios del equipo contrario. Sin embargo, sepamos diferenciar al hincha del fanático porque éste es semejante a un paciente fugado del manicomio.

Pero cuando llega el gol, que es el orgasmo del fútbol, «…aunque sea un golcito es siempre gooooooool en la garganta de los relatores, un do de pecho capaz de dejar a Canso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire».

Y qué del jugador como protagonista? El uruguayo Galeano expone:» Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana más preso de una disciplina militar, sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y se somete a bombardeos analgésicos y las infiltraciones de cortisona que olvidan el dolor y la salud. Los empresarios lo compran, lo venden, lo prestan, y él se deja llevar a cambio de más fama y más dinero»

Y al final de todo, dice el hincha-escritor, «La fama, señora fugaz, no le ha dejado ni una cartita de consuelo».
Por sus dimensiones e implicaciones el fútbol llegó al cenit de su estructura de poder y negocio, descartando toda posibilidad de quedarse estático en esa cima.

Para este certamen, la Fifa pronóstico un impacto en dinero entre 80 a 81.1 mil millones de dólares. Contabilizó un gasto operativo de 3.756 mil millones de billetes aspirando a ingresos promedio de 8.911 millones de dólares.

Entre los juegos de ayer (4o. y 3er. lugar) y los de hoy, campeón y subcampeón, las Federaciones de los 4 países se embolsaran, en cuotas desiguales, no menos de 140 millones de dinero sin descontar las sumas millonarias que ya entraron en las cajas registradoras de todos los equipos por llegar al mundial sumados a los que lograron aquellos que pasaron de fase.

Sea la contabilidad o la auditoría la que indique las correcciones de los números publicados, el negocio de este deporte es super redondo y da para mucho más si desempolvamos detalles tras las cuales, aunque el esfuerzo sea supremo, no alcanzará para conocer la verdad financiera, siempre escurridiza en esos niveles; pero serviría para que no nos engullemos el cuento a pie juntillas.

Llegado el momento de bajar el telón del espectáculo, dejemos el confort de los asientos, apaguemos las luces de colores, despejemos el humo, terminemos los tragos y las picadas, y reiniciemos la batalla incomparable e infinita por una vida mejor ajena a los pitazos, a los fuera de juego, del Var y, mejor todavía, del tumor maligno de la política imperial que esta vez enseñó su intromisión ponzoñosa con desparpajo desbancando a dirigentes abyectos que, sólo sirvieron para empañar el brillo de una exhibición destinada para no ser olvidada en poco tiempo.

Y a la guarda que la Divinidad nos conceda a todos la dicha de seguir con vida en el 2030, volveríamos como intactos y olvidadizos enamorados empedernidos del mejor fútbol posible para presenciarlo y/o gozarlo como ha debido ser, y lo es, siempre.

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